Jano volvió a su realidad, sólo se dio un baño y se acostó a dormitar por un par de horas antes de ir a trabajar esa noche, nuevamente de madrugada. Todo sería igual, no habría ninguna variación; sólo que esta vez, en sus sueños ella tendía a aparecer e inexplicablemente la niña que mendigaba en el bus.
Pasaron algunos días después y se la cruzó en la tienda, lo cual volvió a acelerar su respiración. Pensó que tenía una nueva oportunidad, pero luego de secarse el sudor de las manos con el pantalón, se dio cuenta que no le había preguntado su nombre.
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